Detrás del muro ( The Wall )
Hace unos años cayó la pared. Y ahí, desnudo me vi de pronto. Y tuve que volver a empezar. Y aquí estoy...
20/05/12
Hay otra vida
Tomás estaba con la mirada perdida en dirección a la pared medianera. Con su mano jugaba con el revólver al estilo de un western de baja calidad. La escena la completaban sus oídos que tenían un protector auditivo. Un plato de fideos y un vaso de agua esperaban por un comensal inapetente. Solo le restaba incorporarse y cumplir con su tarea.
Recordaba su felicidad al mudarse al nuevo complejo de departamentos bien cerca del parque donde todos los días cumplía con la rutina asignada en sus entrenamientos. A los 24 años era una promesa del atletismo, ya había ganado algunas carreras menores de 10 kilómetros. Su constancia para entrenar lindaba lo obsesivo, como generalmente sucede en estos casos. Su dieta era estricta, su vida social escasa y su sueño, un ritual a respetar a rajatabla. El atletismo se convirtió en su religión a la que se entregó con pasión.
Todo venía de maravillas hasta que ese gordo asqueroso se mudó al pent-house lindero. Ahí comenzaron las fiestas maratónicas ( un contrasentido para un atleta), el desfile de personajes raros con los que varias veces compartió el ascensor. Ahí comenzó su insomnio. Primero un par de quejas poco enfáticas, luego un poco más airadas. Y nada. Cartas documento y reuniones de consorcio tampoco trajeron una solución. Hasta sospechaba que el administrador asistía a las fiestas. Al parecer el tipo tenía dinero, influencias y alguna protección política importante.
El gordo era decididamente repugnante, con su pecho velludo al aire exhibiendo gruesas cadenas de oro. Su voz era estrepitosa y sobre todo odiaba su risa, inagotable y estentórea. Fue así como cada vez se le hizo más cuesta arriba su entrenamiento. Perdió horas de sueño y empezó a fracasar en algunas competencias.
Eran las cuatro de la mañana, su equipo prolijamente preparado para la gran maratón, su bolso listo con todo lo necesario. Y él, desvelado por la fiesta del vecino. Llegó la hora de jugarse-pensó.
Guardó el revólver entre sus ropas y fue directamente al departamento de al lado. Estuvo largo rato tocando el timbre hasta que el gordo envuelto en una bata roja lo atendió
-Tomasitoooooo que alegría, vení, pasá, relajate un poco pibe, estás muy tenso.- Un poco confundido por el recibimiento se dejó llevar y en menos de dos minutos tenía una copa de vino en la mano y una morocha sentada en sus piernas. El ambiente era enorme y con poca luz pero se podía distinguir gente cogiendo por doquier y algunos bailando desenfrenadamente con esa música repetitiva y machacante. Se acordó del revólver que le presionaba el cuerpo y de su misión. Un poco menos de la maratón.....
Despertó en una reposera. El gordo nadaba en la pileta con denodado esfuerzo, una chica desnuda tomaba sol en el deck. Eran las tres de la tarde y la resaca le taladraba la cabeza.
-Tomasito, tigreeeee......te volteaste a todas jaja.......y no paraste de tomar, sos una fiera- le gritó el gordo apenas lo vio despierto. -El revólver lo guardé en el armario, acá no jodemos con eso- continuó. Tomás se incorporó tambaleante y se arrojó a la pileta. Se le acercó y le dijo:
-Gordo, ¿cuándo hacemos la próxima?-
10/05/12
El asesino, la puta y el detective. El desenlace.
Conocimos al asesino en El, el asesino
Conocimos a la puta en Ella, la puta
Conocimos al detective en Ese, el detective
Ahora los presentamos.......
19-La cabeza le ardía y no era precisamente por el inclemente sol del mediodía ya que se encontraba cómodamente instalado bajo una sombrilla. Cómodo era poco, se sentía como un rey. La maravillosa playa de aguas cristalinas y cálidas entornada por un imponente acantilado lleno de vegetación le daban marco a este presente. La cabeza le ardía. Repasaba una y otra vez su situación. Del intento de suicidio a convertirse en asesino. De la desesperanza a la omnipotencia. Del aburrimiento a la adrenalina. Y finalmente de la rutina a esta vida de lujo. Las dudas sobre el futuro le entorpecían el disfrute del presente. Ya no quería morir, ni siquiera sabía si quería seguir asesinando y correr el riesgo de ser atrapado. El hedonismo lo había hecho prisionero. Ya se iba desdibujando la fantasía del héroe de los inocentes que mata a quienes los someten. Ahora disfrutaba de los placeres de la vida pero sus ahorros y el maletín lleno de dinero que la misteriosa mujer le había entregado cuando se despachó al obispo, tarde o temprano se acabarían. Y luego, ¿qué? -Camaroes grelhados, uma cerveja.- El muchacho del servicio de playa lo distrajo de sus pensamientos. Disfrutó la comida y se disponía a dormir una siesta cuando sus ojos atentos vieron a una mujer caminar sola por la orilla. Una escultural belleza que era como un faro llamando la atención a pesar de usar un sombrero blanco y anteojos de sol que hacían inescrutable su rostro. Si el mismo fuera en mínimo porcentaje proporcional a su cuerpo, para Julián entraba en la categoría de diosa. Apuró el último sorbo de cerveza, se levantó de la reposera y se dirigió hacia la mujer. Mientras caminaba hacia ella se dijo que mejor era posponer la deliberación interna e ir por un poco de acción. En esta cuestión, no tuvo dudas. Llegó a ella, la siguió un par de pasos. - Estás para el asesinato- le dijo, como si fuera un exabrupto de su inconsciente.
20-La cabeza le ardía y no era precisamente por el inclemente sol del mediodía del cual se protegía con un sombrero blanco mientras caminaba por la orilla. La muerte de su amiga la había perturbado demasiado. Pudo escaparse con los maletines y llegar a Brasil donde tenía pensado quedarse a vivir. Pero ahora no estaba segura. Las cosas se habían complicado lo suficiente hasta el punto en que pensó seriamente en devolver el dinero. Rápidamente desechó ese pensamiento. Igual la matarían. Cuatro muertos eran ya demasiado. Le pareció que alguien la miraba con binoculares desde un barcito cercano al acantilado y se estremeció. Cuando vió que era un gordito con una bermuda ridícula se tranquilizó. -Otro pajero- pensó. Volvió a sus cosas. Necesitaba pensar en una estrategia, los tipos la iban a buscar hasta encontrarla. Abandonar la prostitución con un buen resto de dinero para vivir bien fue siempre su plan. Por eso aguantó lo que aguantó. Quizá la ambición fue demasiada. No podía olvidar los ojos del asesino, sobresaliendo del pasamontañas. Ese hijo de puta le cagó la vida. Hubiera entregado los tres maletines y trabajo terminado. Pero no. Los momentos compartidos en esta misma playa con su amiga asesinada le volvían una y otra vez. Demasiadas cosas en su cabeza. Mariana, siempre fue decidida y siempre supo lo que quería pero esta vez se hallaba atrapada. La alternativa era seguir con el perfil lo más bajo posible y dejar que pase el tiempo. Sintió que alguien la seguía, un escalofrío y casi se derrumba cuando escuchó: -Estás para el asesinato.-
21-La cabeza le ardía y era precisamente por el inclemente sol del mediodía. Luego de un par de días calientes recorriendo playas para encontrar aquella mujer que coincidiera con la foto, Aureliano estaba en llamas. Su torso desnudo con lunares de buen tamaño, luego del sol acumulado, se asememejaba al interior de una sandía. Adquirió en un puesto callejero una camiseta de fútbol para cubrirse. Eligió la del futbolista del momento, Ganso. Y así andaba Aureliano con esa prenda que le apretaba desde todos los puntos cardinales, la bermuda multicolor, una pared blanca de protector solar en la cara, una gorra, un par de binoculares y el nombre de Ganso en la espalda. Bajó trabajosamente los 198 escalones del acantilado que lo llevaba a una playa de ensueño. Transpirando a mares levantó la vista y sus ojos se llenaron de alegría. Lo que veía en ese momento era lo mismo que se veía en la foto. -Este es el lugar, acá seguramente encontraré a la Loba- pensaba con su extraña mezcla de lógica y azar. Luego de dos agotadores días repitiendo la extensa caminata, refugiándose en las escasas sombras de los paradores, descompuesto por el exceso de cerveza y camarones, tuvo un raro sentimiento de frustración y culpa. Decidió que era el momento de hablar con su madre y pedirle disculpas. La mujer caminando por la orilla con sombrero y anteojos lo distrajo y sepultó la idea anterior. La observó con los binoculares y su corazón se aceleró. Miró la foto y volvió a la mujer. Se vanaglorió unos instantes de su inteligencia mientras seguía atentamente la caminata solitaria de, para él, la asesina. La Loba. -¿Y ahora qué?- se angustió. Obviamente hasta acá había llegado y todo lo que siguiera sería fruto de la improvisación. Como había sido hasta el momento, pero sin que Aureliano lo admitiese. De pronto vio cómo un hombre se acercaba a ella por su espalda. -Uno de los mafiosos- pensó mientras clavaba los ojos para no perderse detalle. Observó que el hombre le decía algo y ella quedaba paralizada.
22-Nunca un encuentro de miradas provocó tanta electricidad. Julián, el asesino de asesinos y Mariana, la puta ambiciosa, se cruzaron tres veces antes. Ahora la realidad los cacheteaba con un encuentro en un lugar impensado. Para Julián el asombro fue demasiado, se quedó mudo. Para Mariana, aún sin saber a ciencia cierta con quien se estaba produciendo tamaño intercambio de sensaciones, fue un shock. Los ojos de él se fusionaban con la imagen del asesino con el pasamontañas . Y dramáticamente coincidían. Tardaron tanto en reponerse que la ausencia de palabras era ruido en sus oídos. Sus cabezas trabajaban intensamente aunque el destino ya había dado su veredicto. Ella, más acostumbrada a situaciones difíciles, atinó a preguntar -¿Te conozco de algún lado?- Julián tuvo que recomponer su situación y fue al grano- Si, obviamente estuvimos en el mismo lugar, casi al mismo tiempo, al menos tres veces- dijo sincerándose y arrepintiéndose en el mismo instante en que las palabras salieron de su boca. Mariana confirmó sus sensaciones y se angustió. Se miraron. Julián, aturdido, invitó a unos tragos. Mariana, ansiosa, accedió. Nadie, ante semejante bagaje de casualidades, podría haber declinado el hecho de satisfacer la enorme curiosidad. Estaban jugados. Hablaron durante horas, que luego se hicieron días. Por alguna razón se sinceraron. Por alguna razón se comprendieron y se perdonaron. Las historias eran tan diferentes pero los presentes eran casi un calco. Los dos atascados entre la culpa y la ambición, entre la mierda y la buena vida. Marginales y en cierta forma, victoriosos. Y los dos cruzándose como si alguna razón superior quisiera juntarlos a pesar de ser extremos. Pero los extremos se tocan. Y cuando ellos se tocaron, la pasión superó, como siempre lo hace, todo lo demás. Cogieron . Cogieron como si fuese a venir el fin del mundo, extraña premonición. Cogieron frente al dinero que les permitía ambos la entrada a ese paraíso. Cogieron hasta que la puerta de entrada de la habitación fue abierta violentamente y un arma brillante apareció delante de sus ojos.
23-Fiebre y mareos. Ampollas repartidas por su anatomía y un terrible malestar estomacal. En la paz de la habitación del hotel Aureliano no parecía reparar en estos contratiempos.
Toda su energía estaba puesta en definir los procedimientos que culminarían con el arresto de la asesina y el mafioso que la acompañaba. Como siempre en su vida decidió respetar las reglas y procedió a llamar al departamento de homicidios para pedir autorización. -Hola, ¿quién habla? -preguntaron. -Aureliano solicitando autorización para detener a sujeto femenino, presunta sospechosa de tres homicidios- dijo con voz grave y segura. -¿Aureliano?-dijo la voz de su interlocutor como invitando a la respuesta. El coro de obsecuentes no se hizo esperar -Agarrámela con la manoooo-. Colgó el teléfono con furia. Haría las cosas por su cuenta y a su manera. Se vistió y salió en procura de un arma. Caminando disfrutaba del sabor de la victoria, paladeaba el éxito y la consideración de sus jefes. Su cabeza deliraba por la idea de ser el instrumento de la justicia y también por la fiebre que aumentaba. Sin darse cuenta terminó en una favela donde consiguió un revólver de dudoso aspecto y unas cuantas balas. El costo fue todo el dinero que llevaba, más las zapatillas y el reloj de oro regalo de su madre. Al menos no lo violaron. Regresó como pudo parando un par de veces para hacer sus necesidades y descansar sus pies lastimados. Parecía un androide guiado por una misión. incapaz de doblegarse por cualquier dolor. Ya los había seguido hasta el hotel donde el mafioso se hospedaba y sabía el número de la habitación. Entró al lobby buscando pasar desapercibido. No lo logró. Su imagen resultaba patética. Se dirigió a la habitación cuya puerta estaba entreabierta. Colocó el arma de manera que se viera en el interior. Con voz grave repitió el parlamento que tantas veces había escuchado en la televisión. -Arriba las manos, quedan todos detenidos en nombre de la ley-.
24-Mariana cerró los ojos y apretó fuertemente la mano de Julián. Un gesto de despedida. Y no cabía interpretarlo de otra forma con aquel tipo apuntándolos en la habitación. Sintió deseos de llorar. Los que nunca tuvo en su vida, ni cuando su padre la molía a golpes, ni cuando sus clientes se abusaban. Siempre fiel a su promesa de no derramar lágrimas ni mostrar debilidad. Pero esta vez sentía que la muerte estaba cerca. Justo cuando todo se había dado vuelta y podía comenzar a respirar la libertad pacientemente acuñada tras cada polvo. No había salida, aún devolviendo el dinero, su suerte estaba sellada. Repasó los hechos. Demasiados muertos. Demasiada culpa. Su mente se posó un instante en Julián a quien su mano seguía aferrada. Otra historia de mierda que se iba enderezando se terminaría esa noche. Estos tipos no dejan testigos. Si solo pudiera lograr que él no caiga... Lloró. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo.
Julián cerró los ojos y sintió la mano de Mariana aferrándolo. Un gesto de despedida. Y no cabía interpretarlo de otra forma con aquel tipo apuntándolos en la habitación. Estaba furioso. Estos meses había tenido una nueva vida. La anterior había sido un desperdicio monótono, sin deseos propios, solo satisfaciendo los de los demás. No entendía bien porqué terminó envuelto en la historia de otros. Ni siquiera le adjudicaban los asesinatos, se los adjudicaban a Mariana. Había sido fiel ejecutor de su rol en el sistema, hasta que el sistema lo expulsó. La frustración lo había llevado al borde del suicidio. Los asesinatos fueron su redención. Quizá había llegado muy lejos. Como si el sistema dejara de vez en cuando alguna imperfección para oxigenarse a sí mismo y una vez hecho esto, suprimía la imperfección. Él era en este juego la imperfección a barrer. Ya estaba jugado, si solo pudiera lograr que ella no caiga. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo.
La voz grave de Aureliano se mezcló con el silbido de la bala que se incrustó en la cabecera de la cama. Sin entender lo que ocurría decidió entrar a la habitación. Vio a la asesina y al mafioso acostados y desnudos en la cama y a un hombre apuntándolos. Lo reconoció de inmediato. Era el mismo que lo golpeó y asesinó a la amiga de la Loba. No tuvo tiempo de pensar, la furia lo dominó por completo y quiso disparar su arma. Tanta impericia y con un arma tan endeble terminó con una grave quemadura en su mano. El hombre sonrió despectivamente y supo que se encontraba frente a un inútil. Volvió a exigirle el dinero a Mariana amenazando con matar a Julián. La escena se ponía cada vez más tensa. Apurado por la situación y para demostrar sus intenciones, volvió a disparar. Mariana ya lo había decidido. Para ella, Julián era culpable de otras cosas, pero no de su ambición. Solo el destino pudo colocarla en el camino de Julián y cagarle su redención. En el momento en que la bala salía del revólver ella se cruzó en su camino y cayó fulminada sobre Julián que quedó azorado abrazando el cuerpo tibio. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo, no importa cual. Todo se detuvo. Todos miraban el cuerpo inerte de Mariana. El pistolero quedó shockeado por la situación que se le había complicado por esa decisión imprevista de Mariana y se distrajo unos momentos. Fueron los momentos en que Aureliano se sobrepuso a todas sus adversidades físicas y mentales, los momentos en que tomó su arma y disparó por segunda vez. Ahora sí, impactando en la cabeza del pistolero que se derrumbó. Como a Julián se le había derrumbado nuevamente la vida. Aureliano, más consternado que satisfecho, se quedó con la mirada clavada en el cuerpo de Mariana. Julián supo de inmediato qué era lo que se avecinaba. Por eso recuperó su serenidad y se acercó a él. Le entregó unas llaves luego de hablar tranquilamente un par de minutos. Logró que Aureliano le entregara el arma y se fuera del lugar entre lágrimas y protestas, deseando volver con su madre y a su trabajo seguro.
Tirado sobre la cama y con la mano aferrada al revólver estaba Julián admirado de su templanza ante el inminente suicidio. FIN.
EPILOGO
Carlos se levantó de la cama, se vistió lentamente. Susana hizo lo propio mientras encendía un cigarrillo. Ambos estaban cansados. Ni se miraban; cada uno en lo suyo. Los dos se limpiaron prolijamente las manchas. Pedro se incorporó, se alisó la ropa y dijo: -Bueno muchachos, hasta la próxima. Me rajo a cubrir el banco que si no me cierran la cuenta. Un beso a Dany, si lo ven.- Carlos y Susana saludaron sin convicción. Casi cruzándose con Pedro, Gabriel entró a la habitación. -Hola, hola, ¿cómo va todo? Estuvo buena, ¿no? - preguntó a la pareja. -Mmmsii, el final se hizo largo pero valió la pena.- dijo Susana mientras se pintaba los labios, -yo los dejo porque tengo que llevar a Nahuel al jardín. Si viene Dany avísenle que yo no sé si voy a estar en la próxima, tal vez vuelva a modelar ropa interior. Besos.- Y fue Susana la que ahora abandonó la habitación. Carlos bostezó. -Qué embole, se me hizo tardísimo, tengo que ir a ver al abogado por el tema del divorcio, ¿Vos te quedás?- le preguntó a Gabriel. -Si, lo espero a Dany, tengo algunas cosas que hablar con él-respondió. Carlos tomó su bolso y le dio un beso a Gabriel.-Nos vemos en la próxima- y se retiró.
Gabriel se sirvió una copa y se sentó a esperar. La habitación vacía le dio espacio para pensar un rato. Se había propuesto algo. Hablaría con Dany. La última vez que lo había intentado Dany amenazó con dedicarse a la poesía o volver a correr una maratón. Gabriel estaba un poco cansado de ser el antihéroe de sus novelas. Aparte de pedirle más dinero, necesitaba su promesa de no ponerle nombres tan ridículos como Aureliano.
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Si llegaron hasta acá pueden comentar....¡¡¡vagos!!!
09/05/12
Ese, "el detective".
¿ Venís atrasado? Empezá por: El, el asesino.
¿ Te sobra tiempo? Seguí con: Ella, la puta.
Ahora sí, estás listo/a para seguir.....................
Paciencia.....en unos días comienzo con nano-relatos para
gente apurada. O pruebo con Haiku o aforismos.
13- ¡ Aurelianooooo ! - gritó un flaco desgarbado detrás del escritorio.- ¡Agarrámela con la manoooo!-corearon todos. Luego la risotada áspera y vulgar. A Aureliano no le importaba ya lo patético de la escena sino que el hecho se repetía varias veces, todos los días, hacía más de 30 años. Empleado como maestranza del departamento de homicidios, aparte del nombre, tenía otros problemas. Había pasado los cincuenta, era calvo y regordete, dueño de un aliento abominable y sobre todo, vivía con su madre. A su favor, pero sin hacer provecho de ello, tenía una inteligencia lógico-matemática fuera de lo común y era un genio con las computadoras. Su único aliado en el departamento, más por piedad que por afecto, se había jubilado hacía unos meses. Aureliano pasaba largas horas espiando en los archivos de los casos que entraban en la oficina, formulando teorías y buscando sospechosos, en una patética soledad. En una de esas excursiones fuera de horario se encontró con el asesinato de un tipo muy conocido, un economista de esos que sólo conjugan un solo verbo, ajustar. Se interesó en el caso. Luego de releer las declaraciones de todos los testigos, las distintas pericias y las evaluaciones de los detectives asignados llegó a su conclusión: la mujer fue la asesina y el motivo fue el contenido del maletín. -¡¡¡ Aurelianoooo !!! ........se oyó. Y de inmediato-
¡¡¡ Agarrámela con la mano !!! - Hijos de puta -pensó para sí- y volvió a su rutina.
14-Aureliano estaba excitado. Una de las pocas veces en su vida que la motivación era más fuerte que la resignación. Como si fuese un regalo para él, llegó al departamento de homicidios la noticia del asesinato de un empresario. Usando la credencial de su protector jubilado y venciendo su proverbial bloqueo para relacionarse, se puso a investigar por su cuenta. No tardó en saber que el gordo iba todos las semanas a ese departamento, en igual día y horario, para un encuentro amoroso. El encargado del edificio le proporcionó una información contundente. El día del asesinato lo vió llegar con un maletín cuya descripción era idéntica a la que se hizo del maletín del caso del consultor. O sea que ya tenía dos muertos, dos maletines y dos mujeres a las que por pura misoginia les colocó el rótulo de asesinas. Y no podía saber si eran una o dos las mujeres porque la descripciones de los testigos del primer asesinato hablaban de una rubia y ahora pareciera que se trataba de una morocha. Llevó todas las copias de los casos a su casa para trabajar en ellos el fin de semana. La cuestión sexual no le cerraba, en el primero se trataba de un gay y en el segundo, el gordo era conocido por su debilidad por las prostiutas. Pero al morir estaba esposado en la cama y sin evidencias de haber mantenido una relación sexual. El golpe en la nuca del cadáver podía revelar alguna disputa. -Aureeeee- el llamado no lo distrajo. Sobre un mueble vio una vieja peluca rubia que alguna vez había usado su madre. Y su mente le devolvió una idea. No eran dos mujeres, era la misma, concluyó apresuradamente. -Aureeeee vení a ver la película conmigo, mi amor -se escuchó más fuerte entre medio de una catarata de tos. -Vieja de mierda, si por lo menos dejaras de fumar- pensó. Obediente, caminó hacia el televisor.
15-Con este particular entusiasmo por la investigación muchas cosas estaban cambiando en la oscura vida de Aureliano. Se mostraba más decidido aunque conservaba su rol de observador distante que siempre lo caracterizó.
La paciencia con sus compañeros de trabajo e inclusive con su madre iba mermando día a día aunque no por asumir sus problemas de relación sino más bien porque entorpecian su labor. Esta labor que no tenía para él ni horarios, ni jefes, ni límites, lo iba conduciendo a conclusiones propias que imaginaba como irrebatibles. Tenía la imagen de una misma asesina para los dos asesinatos y orientaba los motivos hacia el contenido de los maletines. La euforia se fue apoderando de Aureliano cuando decidió que si investigaba en el ambiente de las prostitutas de nivel podría encontrar alguna pista que lo condujera hacia la asesina. Esta no fue una conclusión abonada en pruebas, sospechas o corazonadas. Simplemente se trató de un deseo propio que emergió. La fantasia de la puta hermosa y asesina. Se imaginaba por caso, entrevistando con la credencial del departamento de homicidios, a unas cuantas prostitutas. Tuvo inmensos deseos de masturbarse a los que decidió no reprimir como era su costumbre.-Aureeeee, vení a ver. Parece que asesinaron a un obispo.-Vieja jodida- maldijo Aureliano mientras se ponía los pantalones y acudía al llamado.
16-El asesinato del obispo ocurrido hacía pocos días y la declaración de un monaguillo que lo vio partir solo, en su auto importado y con un extraño maletín, le dieron a las hipótesis de Aureliano un vuelo importante. -La puta está descontrolada y sigue matando- pensó. Si bien se horrorizaba con los crímenes empezó a desarrolar una especie de atracción hacia ella. Por lo menos asesinaba a tipos que eran una mierda aunque eso no la absolvía.
-¿Mil dólares?- preguntó Aureliano en su conversación teléfonica. El carnet de detective y su poca experiencia se confabularon para el fracaso. No pudo hablar con ninguna de las "acompañantes" que eligió. Su plan B fue directamente contratar los servicios de una. -¿Mil dólares? -volvió a preguntar. El costo lo desanimó pero venía tan excitado con el tema que hasta se dispuso a robarle una parte del plazo fijo a su madre. Ese que él pacientemente renovaba todos los meses. Era una fortuna y ella controlaba con ojo de águila estas cosas. Es así como en un mismo día, el oscuro Aureliano estafaba a su madre y se iba a encontrar con una puta de categoría. Al llegar la noche se dirigió hacia el lugar pautado. Se iba a encontrar cara a cara con una mujer después de toda una vida virtual. Miedo, ansiedad, éxtasis, angustia, culpa. Las sensaciones iban pasando, veloces, como los autos de la mano contraria. Y volvían a repetirse en un círculo sin fin que lo paralizaba.
En un lujoso departamento ella lo atendió con soltura. Él estaba duro como una roca, en todos los sentidos posibles de esta afirmación. La mujer no le hacía asco a nada (si el dinero estaba) y podía soportar la inexperiencia, la gordura o la fealdad, pero lo que no pudo aguantar un sólo segundo fue su mal aliento. Tomó un frasco de un perfume importado y se lo dio. -¿Me lo pongo?- preguntó Aureliano. -No, es para que te lo tomés de un trago- dijo ella con una mueca de asco.
17- Ella lo fue desnudando con dulzura y Aureliano aturdido se dejó deshojar. La cara de ella se iluminó -Mmmmm tenemos un "tres piernas" por aquí- dijo entre risitas adolescentes. Aureliano estaba tenso como si fuera una amarra de crucero pero a la vez infinitamente caliente. -Relajate- le decía ella una y otra vez. Lentamente iba desmoronándose su resistencia y el hombre tímido estaba dejando paso a uno ávido de experimentar su placer.
De la nada aparecieron tres hombres en la habitación. Mientras uno le aplicaba un rodillazo al pobre Aureliano, otro tomó del cuello a la prostituta ahogándola con sus manos hasta la asfixia. A los gritos le preguntó: - ¿La Loba?¿Dónde está la Loba, hija de puta?-
El ambiente se llenó de violencia. -Hablá o te desfiguro la cara- volvió a gritar. -No sé, hace días que no la veo, creo que se fue del país- dijo ella respirando con dificultad.
-La muy turra tiene dos maletines que no son de ella, y nosotros le avisamos matándote a vos- dijo uno de los mafiosos. Aureliano, con un hilo de voz, atinó a decir: -Por favor déjenla en paz-. Fue un tremendo error. El tipo furioso la dejó a un lado y arremetíó contra él. -¿Y vos quien carajo sos, forro?-
-Aureliano- respondió con la voz entrecortada .
-Agarrámela con la mano- gritaron todos. Carcajada y culatazo en la cabeza.
Cuando despertó, el cadáver de la puta estrangulada fue lo primero que vio. La herida le seguía doliendo pero Aureliano, mas allá del dolor, había logrado su objetivo. La tal "Loba" era con seguridad la asesina y él era el único en saberlo. Solo restaba averiguar su identidad real y rastrear su paradero. Se vistió. Recuperó sus mil dólares, recogió una foto tirada en medio del desorden y se fue. Estaba exultante por las averiguaciones, el sexo frustrado no empañaba esa sensación. Ningún sentimiento especial por comenzar a convivir más cerca de la muerte lo preocupaba. Llegó a su casa al mediodía. La voz de su madre en tono de reproche no se hizo esperar: -Aureliano. No vuelvas a hacerme estas cosas.-
-Vieja del culo- masculló.
18- Luego de observar durante horas la foto que sacó del departamento de la prostituta, extrajo algunas conclusiones. Alli se la veía junto a otra mujer, por cierto bellísima. Estaba convencido que la otra mujer era la Loba, a quien Aureliano imputaba los tres asesinatos. También concluyó, por algunos detalles de la fotografía, que ambas estaban en una playa del nordeste de Brasil. Exultante, comenzó a buscar entre los registros aduaneros del día siguiente al del último crimen. Su excitación fue mermando con el descubrimiento de que en pleno enero las mujeres que salieron con rumbo a Brasil se contaban por miles. No durmió. Debía encontrar la foto del documento que coincidiera con la que él tenía. Y la encontró. Había salido vía Paraguay. Aureliano era una suma de sensaciones, por un lado estaba posesionado con la idea de convertirse en la persona que iba a resolver los misteriosos asesinatos y por otro estaba absolutamente paranoico con la idea de que los mafiosos lo perseguirían. Pidió unos días de vacaciones de los cientos que fue acumulando a lo largo de su vida laboral. Compró algún producto para el mal aliento, anteojos de sol y una ridícula bermuda multicolor. Armó una valija con algunas pocas cosas, volvió a robarle dinero a su madre a quien le dejó una nota diciendo : "Madre, me voy a Brasil de vacaciones. Si te gusta, bien, si no a joderse. Tu hijo, Aureliano". A pesar de la paranoia que lo hacía ver mafiosos ocultos en cada lugar, pudo salir. Horas después, con el inconfundible temor de los que viajan por primera vez en avión, partió a cumplir su misión. El viaje fue toda una muestra de sus miedos, obsesiones, paranoias y malestares. La queja de los pasajeros por el mal uso que hizo Aureliano del baño desbordó la gentil atención del personal de la aeronave. Antes de que la cosa empeorara, tocaron tierra en Brasil.
En unos días, el desenlace.
Ahora sí, estás listo/a para seguir.....................
Paciencia.....en unos días comienzo con nano-relatos para
gente apurada. O pruebo con Haiku o aforismos.
13- ¡ Aurelianooooo ! - gritó un flaco desgarbado detrás del escritorio.- ¡Agarrámela con la manoooo!-corearon todos. Luego la risotada áspera y vulgar. A Aureliano no le importaba ya lo patético de la escena sino que el hecho se repetía varias veces, todos los días, hacía más de 30 años. Empleado como maestranza del departamento de homicidios, aparte del nombre, tenía otros problemas. Había pasado los cincuenta, era calvo y regordete, dueño de un aliento abominable y sobre todo, vivía con su madre. A su favor, pero sin hacer provecho de ello, tenía una inteligencia lógico-matemática fuera de lo común y era un genio con las computadoras. Su único aliado en el departamento, más por piedad que por afecto, se había jubilado hacía unos meses. Aureliano pasaba largas horas espiando en los archivos de los casos que entraban en la oficina, formulando teorías y buscando sospechosos, en una patética soledad. En una de esas excursiones fuera de horario se encontró con el asesinato de un tipo muy conocido, un economista de esos que sólo conjugan un solo verbo, ajustar. Se interesó en el caso. Luego de releer las declaraciones de todos los testigos, las distintas pericias y las evaluaciones de los detectives asignados llegó a su conclusión: la mujer fue la asesina y el motivo fue el contenido del maletín. -¡¡¡ Aurelianoooo !!! ........se oyó. Y de inmediato-
¡¡¡ Agarrámela con la mano !!! - Hijos de puta -pensó para sí- y volvió a su rutina.
14-Aureliano estaba excitado. Una de las pocas veces en su vida que la motivación era más fuerte que la resignación. Como si fuese un regalo para él, llegó al departamento de homicidios la noticia del asesinato de un empresario. Usando la credencial de su protector jubilado y venciendo su proverbial bloqueo para relacionarse, se puso a investigar por su cuenta. No tardó en saber que el gordo iba todos las semanas a ese departamento, en igual día y horario, para un encuentro amoroso. El encargado del edificio le proporcionó una información contundente. El día del asesinato lo vió llegar con un maletín cuya descripción era idéntica a la que se hizo del maletín del caso del consultor. O sea que ya tenía dos muertos, dos maletines y dos mujeres a las que por pura misoginia les colocó el rótulo de asesinas. Y no podía saber si eran una o dos las mujeres porque la descripciones de los testigos del primer asesinato hablaban de una rubia y ahora pareciera que se trataba de una morocha. Llevó todas las copias de los casos a su casa para trabajar en ellos el fin de semana. La cuestión sexual no le cerraba, en el primero se trataba de un gay y en el segundo, el gordo era conocido por su debilidad por las prostiutas. Pero al morir estaba esposado en la cama y sin evidencias de haber mantenido una relación sexual. El golpe en la nuca del cadáver podía revelar alguna disputa. -Aureeeee- el llamado no lo distrajo. Sobre un mueble vio una vieja peluca rubia que alguna vez había usado su madre. Y su mente le devolvió una idea. No eran dos mujeres, era la misma, concluyó apresuradamente. -Aureeeee vení a ver la película conmigo, mi amor -se escuchó más fuerte entre medio de una catarata de tos. -Vieja de mierda, si por lo menos dejaras de fumar- pensó. Obediente, caminó hacia el televisor.
15-Con este particular entusiasmo por la investigación muchas cosas estaban cambiando en la oscura vida de Aureliano. Se mostraba más decidido aunque conservaba su rol de observador distante que siempre lo caracterizó.
La paciencia con sus compañeros de trabajo e inclusive con su madre iba mermando día a día aunque no por asumir sus problemas de relación sino más bien porque entorpecian su labor. Esta labor que no tenía para él ni horarios, ni jefes, ni límites, lo iba conduciendo a conclusiones propias que imaginaba como irrebatibles. Tenía la imagen de una misma asesina para los dos asesinatos y orientaba los motivos hacia el contenido de los maletines. La euforia se fue apoderando de Aureliano cuando decidió que si investigaba en el ambiente de las prostitutas de nivel podría encontrar alguna pista que lo condujera hacia la asesina. Esta no fue una conclusión abonada en pruebas, sospechas o corazonadas. Simplemente se trató de un deseo propio que emergió. La fantasia de la puta hermosa y asesina. Se imaginaba por caso, entrevistando con la credencial del departamento de homicidios, a unas cuantas prostitutas. Tuvo inmensos deseos de masturbarse a los que decidió no reprimir como era su costumbre.-Aureeeee, vení a ver. Parece que asesinaron a un obispo.-Vieja jodida- maldijo Aureliano mientras se ponía los pantalones y acudía al llamado.
16-El asesinato del obispo ocurrido hacía pocos días y la declaración de un monaguillo que lo vio partir solo, en su auto importado y con un extraño maletín, le dieron a las hipótesis de Aureliano un vuelo importante. -La puta está descontrolada y sigue matando- pensó. Si bien se horrorizaba con los crímenes empezó a desarrolar una especie de atracción hacia ella. Por lo menos asesinaba a tipos que eran una mierda aunque eso no la absolvía.
-¿Mil dólares?- preguntó Aureliano en su conversación teléfonica. El carnet de detective y su poca experiencia se confabularon para el fracaso. No pudo hablar con ninguna de las "acompañantes" que eligió. Su plan B fue directamente contratar los servicios de una. -¿Mil dólares? -volvió a preguntar. El costo lo desanimó pero venía tan excitado con el tema que hasta se dispuso a robarle una parte del plazo fijo a su madre. Ese que él pacientemente renovaba todos los meses. Era una fortuna y ella controlaba con ojo de águila estas cosas. Es así como en un mismo día, el oscuro Aureliano estafaba a su madre y se iba a encontrar con una puta de categoría. Al llegar la noche se dirigió hacia el lugar pautado. Se iba a encontrar cara a cara con una mujer después de toda una vida virtual. Miedo, ansiedad, éxtasis, angustia, culpa. Las sensaciones iban pasando, veloces, como los autos de la mano contraria. Y volvían a repetirse en un círculo sin fin que lo paralizaba.
En un lujoso departamento ella lo atendió con soltura. Él estaba duro como una roca, en todos los sentidos posibles de esta afirmación. La mujer no le hacía asco a nada (si el dinero estaba) y podía soportar la inexperiencia, la gordura o la fealdad, pero lo que no pudo aguantar un sólo segundo fue su mal aliento. Tomó un frasco de un perfume importado y se lo dio. -¿Me lo pongo?- preguntó Aureliano. -No, es para que te lo tomés de un trago- dijo ella con una mueca de asco.
17- Ella lo fue desnudando con dulzura y Aureliano aturdido se dejó deshojar. La cara de ella se iluminó -Mmmmm tenemos un "tres piernas" por aquí- dijo entre risitas adolescentes. Aureliano estaba tenso como si fuera una amarra de crucero pero a la vez infinitamente caliente. -Relajate- le decía ella una y otra vez. Lentamente iba desmoronándose su resistencia y el hombre tímido estaba dejando paso a uno ávido de experimentar su placer.
De la nada aparecieron tres hombres en la habitación. Mientras uno le aplicaba un rodillazo al pobre Aureliano, otro tomó del cuello a la prostituta ahogándola con sus manos hasta la asfixia. A los gritos le preguntó: - ¿La Loba?¿Dónde está la Loba, hija de puta?-
El ambiente se llenó de violencia. -Hablá o te desfiguro la cara- volvió a gritar. -No sé, hace días que no la veo, creo que se fue del país- dijo ella respirando con dificultad.
-La muy turra tiene dos maletines que no son de ella, y nosotros le avisamos matándote a vos- dijo uno de los mafiosos. Aureliano, con un hilo de voz, atinó a decir: -Por favor déjenla en paz-. Fue un tremendo error. El tipo furioso la dejó a un lado y arremetíó contra él. -¿Y vos quien carajo sos, forro?-
-Aureliano- respondió con la voz entrecortada .
-Agarrámela con la mano- gritaron todos. Carcajada y culatazo en la cabeza.
Cuando despertó, el cadáver de la puta estrangulada fue lo primero que vio. La herida le seguía doliendo pero Aureliano, mas allá del dolor, había logrado su objetivo. La tal "Loba" era con seguridad la asesina y él era el único en saberlo. Solo restaba averiguar su identidad real y rastrear su paradero. Se vistió. Recuperó sus mil dólares, recogió una foto tirada en medio del desorden y se fue. Estaba exultante por las averiguaciones, el sexo frustrado no empañaba esa sensación. Ningún sentimiento especial por comenzar a convivir más cerca de la muerte lo preocupaba. Llegó a su casa al mediodía. La voz de su madre en tono de reproche no se hizo esperar: -Aureliano. No vuelvas a hacerme estas cosas.-
-Vieja del culo- masculló.
18- Luego de observar durante horas la foto que sacó del departamento de la prostituta, extrajo algunas conclusiones. Alli se la veía junto a otra mujer, por cierto bellísima. Estaba convencido que la otra mujer era la Loba, a quien Aureliano imputaba los tres asesinatos. También concluyó, por algunos detalles de la fotografía, que ambas estaban en una playa del nordeste de Brasil. Exultante, comenzó a buscar entre los registros aduaneros del día siguiente al del último crimen. Su excitación fue mermando con el descubrimiento de que en pleno enero las mujeres que salieron con rumbo a Brasil se contaban por miles. No durmió. Debía encontrar la foto del documento que coincidiera con la que él tenía. Y la encontró. Había salido vía Paraguay. Aureliano era una suma de sensaciones, por un lado estaba posesionado con la idea de convertirse en la persona que iba a resolver los misteriosos asesinatos y por otro estaba absolutamente paranoico con la idea de que los mafiosos lo perseguirían. Pidió unos días de vacaciones de los cientos que fue acumulando a lo largo de su vida laboral. Compró algún producto para el mal aliento, anteojos de sol y una ridícula bermuda multicolor. Armó una valija con algunas pocas cosas, volvió a robarle dinero a su madre a quien le dejó una nota diciendo : "Madre, me voy a Brasil de vacaciones. Si te gusta, bien, si no a joderse. Tu hijo, Aureliano". A pesar de la paranoia que lo hacía ver mafiosos ocultos en cada lugar, pudo salir. Horas después, con el inconfundible temor de los que viajan por primera vez en avión, partió a cumplir su misión. El viaje fue toda una muestra de sus miedos, obsesiones, paranoias y malestares. La queja de los pasajeros por el mal uso que hizo Aureliano del baño desbordó la gentil atención del personal de la aeronave. Antes de que la cosa empeorara, tocaron tierra en Brasil.
En unos días, el desenlace.
02/05/12
Ella, la puta
8-Por fin la noche del primer encargo había llegado. Se vistió, eligiendo cuidadosamente cada prenda. Lo más sensual posible porque a pesar de estar advertida de que el trabajo no incluía sexo no vendría mal algún extra.
Casi de noche tomó un taxi hasta la dirección que había apuntado. Una mansión le hizo brillar los ojos de ambición. Fue conducida a un salón en el primer piso con un balcón a los amplios jardines. Mientras esperaba se dedicó a curiosear la inmensa cantidad de objetos de arte que se desparramaban por doquier. -Una fortuna- pensó. Un hombre de unos 45 años se le acercó y le dio la mano sin firmeza. El plan con sexo incluído se frustró al instante. Por su experiencia reconoció en el hombre su homosexualidad y su represión
La acompañó hasta la ventana que daba al balcón y de un mueble extrajo un maletín. Sin pronunciar palabra le entregó el maletín y desapareció por una puerta lateral. La acompañaron a la salida mientras maldecía por lo bajo. Un taxi la estaba esperando. Cuando llegó a su casa estaba más tranquila ya que al menos el encargo pudo hacerse sin contratiempos. Un plan con hidromasaje y masturbación incluída la calmaría del todo. Se dio cuenta de que no podía quitar los ojos del maletín.
9-Se durmió. Cada golpe la hacía más fuerte y lo devolvía solo con una mirada penetrante. Esto realimentaba a su padre que la volvía a golpear con más fuerza. No era un sueño. Era, en una pesadilla eterna, su pasado. El ruido del teléfono la despertó. Era muy temprano en la mañana. Una voz nerviosa le ordenó esperar unos días antes del próximo trabajo, que por el momento retuviera el maletín, que no frecuentara ningún lugar de los acostumbrados y sobre todo que viera las noticias. Cuando prendió el televisor se quedó inmóvil. El cadáver del puto tirado sobre el jardín. No lo podía creer. Subió el volumen y siguió escuchando atentamente. Un taxista y el secretario del dueño de casa hablaban de una mujer. Una mujer rubia, de ojos celestes y un lunar en la mejilla. Muy alta y atractiva. La peluca, los lentes de contacto, el maquillaje y un par de zapatos de taco muy alto no estuvieron demás, pensó. Se preparó el desayuno mientras repasaba mentalmente los hechos de la noche anterior. No tocó nada, se bajó del taxi en un barrio y tomó otro, ya sin la peluca. Podría respirar tranquila por el momento, lo que no podía era dejar de pensar en el muerto que el destino le tiró encima y en el contenido del maletín. Pasó unos días de mal humor por la inactividad pero el llamado encomendándole la segunda parte del trabajo le elevó el ánimo y la adrenalina. Un departamento en los suburbios......otro hombre....... otro maletín.
10-Otra vez se encontró disfrutando frente al espejo en la ceremonia de vestirse. Hoy, además del segundo maletín, la posibilidad de un encuentro sexual ocupaba su cabeza. Las precauciones, dadas las circunstancias, fueron mayores. Tocó el timbre del segundo piso, subió por el ascensor y entró al departamento cuya puerta estaba entreabierta. Una escena patética le arrancó de un plumazo las ilusiones. Un gordo voluminoso y repugnante, totalmente desnudo, cubría su entrepierna con un maletín. Esta vez el asco pudo más y manifestó su apuro por retirarse con la prenda íntima. El gordo no tenía las mismas intenciones y comenzó a ponerse pesado. Con una mano sostenía el maletín y torpemente la acosaba con la otra recorriendo su cuerpo y empujándola hacia la habitación. Experimentada en estas cuestiones lo dejó hacer mientras pensaba la forma en que se desharía de semejante mole sudorosa. En un descuido del gordo le arrebató el maletín y con él le golpeó fuertemente la cabeza. Aturdido, se desplomó en la cama y en segundos ella esposó sus manos a la cabecera. Esta situación provocó en él una excitación con erección incluída. Mariana buscó algo para amordazarlo, tomó el maletín y se fue velozmente del lugar luego de borrar alguna huella. Cuando salió al pasillo tuvo una rara sensación como si otra presencia ocupara la escena. Subió al ascensor y volvió a su casa. Necesitó algunas horas para reponerse del asco durante las cuales volvió a sentirse inquieta por esa sensación de ser observada en aquel pasillo. Los dos maletines sobre su cama la volvieron a la realidad.
11-No hubo pesadilla violenta. No la hubo simplemente porque no pudo dormir. El encargo se le estaba haciendo complicado y tenía la intuición de que algo iba a salir mal. Mariana siempre fue perceptiva y ese conocimiento la hacía aún más pesimista. Desnuda sobre la cama pasando crema por su cuerpo fue dejando la noche atrás. Se preparó un café y tuvo el impulso de mirar las noticias. Mala idea. Los noticieros se regodeaban con la muerte del empresario. El gordo fue asesinado de dos tiros. Asesinado desnudo, esposado a la cama y amordazado. Tal cual ella lo había dejado. La sensación de otra presencia en el palier le volvió de forma inmediata y no la abandonó. El llamado telefónico pidiendo explicaciones no se hizo esperar. Contaba con la confianza de sus mandantes que se tranquilizaron con la noticia de que los dos maletines estaban seguros. Caminaba en círculos por el estrecho departamento que alquilaba pensando en esta muestra de independencia del destino. Dos maletines, dos asesinatos casi en su presencia. Indudablemente algo no cerraba para ser casualidad. Desesperada recurrió a la cocaína, otras veces le había servido. Pasaron algunos días lentos, angustiantes, pesados. La orden del tercer encargo llegó. Esta vez pintaba mejor, un encuentro en un descampado. Más fácil, pensó.
12-Con un coche prestado salió de la ciudad en la búsqueda del descampado. Una mezcla de nervios y ansiedad se apoderó de ella. Trató de relajarse pensando en el dinero prometido y en que era el último encargo, pero sus pensamientos llegaron a los dos cadáveres y la tensión volvió. Al llegar al sitio comprobó la presencia de un auto importado y nada más. Vamos bien, pensó. Estacionó el auto al lado, se miró en el espejo como siempre y salió. Dentro del otro un hombre bastante mayor y de modales suaves le indicó que entrara y cerrara la puerta. Sacó de un bolsillo un grueso fajo de dólares y le preguntó si quería hacerle una mamada. Mariana sonrió. Al fin un poco de acción luego de tantos contratiempos. Aceptó pero pidió que le exhibiera el maletín, lo que el hombre hizo con rapidez. Comenzó acariciándole la zona. Era una experta. El hombre se desabotonó la camisa lentamente y dejó a la vista un inmenso crucifijo. Esto la puso un tanto incómoda pero continuó con su tarea que por cierto iba a ser bien paga. Fue poco a poco logrando que se hinchara de placer cuando súbitamente la puerta del coche fue abierta. Un hombre alto con el rostro tapado y un arma apareció ante sus ojos. Durante unos segundos que parecieron eternos ninguno atinó a nada. Temiendo lo peor Mariana le entregó el maletín. El encapuchado lo tomó con un movimiento que a ella le pareció de sorpresa, a continuación disparó dos veces y huyó corriendo. Mariana gritó inútilmente. Comprobó que el hombre estaba muerto. Tenía manchas de sangre por todo su vestido. Tuvo ganas de vomitar pero se contuvo. Limpió lo que pudo antes de subirse a su auto y salir sin rumbo. Pudo cambiarse en una estación de servicio sin parar de temblar. Siempre llevaba un jean y una blusa por las dudas. La cabeza le estallaba. Cuando llegó a su casa pudo vomitar. Tomó un par de pastillas. Todo se había ido al carajo. Unas horas después, un poco más tranquila, se decidió. Abrió los maletines y comprobó que estaban repletos de dinero. -Hora de tomarse unas vacaciones- pensó.
En unos días seguimos...
25/04/12
El, el asesino
1-Julián estaba tirado sobre la cama y con la mano aferrada al revólver, admirado de su templanza ante el inminente suicidio. Repasaba los hechos que lo llevaron a esta situación. Había dado la vida por su trabajo en aquella empresa. No era un dato menor. De a poco se fueron yendo, primero su mujer, luego sus hijos y finalmente su propia identidad. Y cuando solo le quedaba su dedicación al trabajo, de imprevisto, recibió aquel telegrama que hablaba de reorganización, de prescindir de sus servicios.......de matarlo en vida. Y de ahí a comprar el arma, solo instantes. Tirado sobre la cama seguía Julián admirado de su templanza ante el inminente suicidio cuando la TV encendida le devolvía una imagen conocida. La del asesor que la empresa contrató para la cruel reorganización. Un rayo fulminante de inspiración lo conmovió provocando otro dramático giro en su rutina. En segundos se llenó de vida, miró el revólver que seguía sosteniendo en la mano y sonrió.- Si yo estoy muerto, ¿Porqué este hijo de puta va a seguir vivo?-
Saltó de la cama, subió el volumen del televisor, anotó algunos datos al dorso del mismo telegrama, escondió el revólver entre su abrigo y cargado de una adrenalina desconocida hasta hace unos minutos, puso el auto en marcha. En marcha hacia su primer asesinato.
2-La noche era fría pero limpia de modo que detuvo el auto a unos cientos de metros de la mansión. Caminó entre temblores y transpiración; toda la templanza que tenía cuando estaba a punto de suicidarse había desaparecido, el miedo ganó el espacio que dejó vacío. Apretaba el arma fuertemente, como si buscara una seguridad que no tenía. No había perros ni vigiladores, solo un farol que iluminaba la soledad y permitía ver dos siluetas cercanas a una ventana con balcón. Saltó con esfuerzo dentro del jardín y se acercó lentamente hasta que las siluetas fueron devolviendo imágenes con más precisión. La de una mujer que parecía reclamarle algo al que iba a ser su víctima. Esperó en silencio temblando y transpirando hasta que un auto se detuvo en la puerta. Se le aceleró el corazón cuando el ruido de unos tacos que atravesaban el jardín le parecieron clavos que se introducían en su cabeza. La mujer salió apurada y abrió la puerta del taxi que la esperaba. La luz iluminó su rostro y reflejó su belleza.- Ahora o nunca-pensó. Arrojó con fuerza una piedra hacia la ventana. En instantes el hombre apareció en el balcón. Apretó el gatillo dos veces y el cuerpo pesado cayó cerca suyo.
No pudo evitar las arcadas. Cuando se recompuso corrió hacia el coche. Lo desafiaron los ladridos de algún perro vecino. En el regreso no pudo evitar que se le cruzaran las emociones. Por un lado el cuerpo muerto y por el otro la cara de aquella mujer. Dos íconos de su primer asesinato. -Esto me empieza a gustar- dijo para sí.
3-Llegó a casa con las imágenes del cuerpo sin vida en su cabeza. Se duchó lentamente, saboreando el momento. Ya no se reconocía a sí mismo. Solo pensaba en la próxima vez. Cosas normales como descansar, comer o ver algún partido de fútbol por la TV se evaporaron de sus necesidades. Ninguno de sus músculos se relajó por lo que recurrió a esas mágicas pastillas que lo ayudaron cuando lo dejó su mujer. Cuando despertó tuvo que rearmar sus horas previas, (convengamos que no debe ser fácil para cualquier mortal despertarse luego de asesinar a alguien). Pensó en Claudia, su ex-mujer, la que le decía siempre que no tenía huevos. Para que sus planes pudieran seguir no podía paladear, por ahora, esa venganza despechada. La noticia de la muerte del consultor ocupaba a todos los portales de los diarios, los que minuciosamente leyó una y otra vez. Ningún sospechoso a excepción de la presencia de una mujer, decían. Increíblemente sonrió. Y con una determinación desconocida hasta ahora, ya que siempre fue un tipo indeciso, comenzó a preparar su próxima actividad. Otro asesinato. En verdad, tuvo que admitir que en estas épocas candidatos no faltaban; pensándolo mejor en ninguna época escasearon. No tardó. La foto de un empresario conocido por su insaciable apetito tanto en los negocios como en las comidas fue suficiente. Pero esta rapidez en la elección de la víctima fue opuesta a la lentitud con la que pudo recabar datos que le permitieran su cometido sin problemas. Pasó días sin avances importantes hasta que un chofer con cierta incontinencia verbal le abrió un camino. Un encuentro semanal con una amante en un lejano departamento de los suburbios se convertiría en su talón de Aquiles. Despejado el donde y el cuando, las necesidades normales reaparecieron en su vida. Comió y durmió como antes. Cuando llegó el día en que el gordo hijo de puta se iba a encontrar con la misteriosa amante, Julián se volvió a transformar.
4- Sereno. Tan sereno como para entrar al edificio aquel mediodía con un único plan. Tocar todos los timbres y esperar que algún desaprensivo abra la puerta desde su comodidad. Subió por la escalera hasta el segundo piso para esperar, primero, a que la amante se fuera y luego ver la manera de entrar al departamento y liquidarlo. Se sentó en la escalera con sus pensamientos, se sentía poderoso. No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta del departamento se abrió y salió una mujer. Se le heló la sangre. La misma mujer que tomó el taxi en ocasión de su primer asesinato abría la puerta del ascensor para luego desaparecer. Le temblaron las piernas. Volvió a sentarse confundido hasta que se recuperó. Se dirigió por fin hacia la puerta que estaba entreabierta y entró silencioso, como un gato.
Encontró al gordo desnudo, atado a la cama, amordazado y patético. Sus ojos le pedían deseperadamnente ayuda. Dos disparos fueron su respuesta. Salió rápido y se escabulló en una pobre avenida con pretensiones de centro comercial. De regreso en casa y luego de la ducha se dejó llevar por sus interrogantes. ¿Dos asesinatos y una misma mujer? ¿ Qué cuestión incomprensible del destino los estaba uniendo? Demasiada casualidad. Un misterio. -Un hermoso y atractivo misterio- pensó luego de recordar su figura. De una cosa estaba seguro. El placer que este cambio de rumbo en su monótona vida le estaba proporcionando no daba margen para que ninguna mujer desvíe su atención. ¿ O sí ?
5- Julián no podía parar un minuto. Devoraba los diarios, los noticieros, los portales de internet. La confusión policial era tremenda. Se hablaba desde ajuste de cuentas hasta de un crimen pasional. Ningún sospechoso y alguna que otra relación con el crimen del consultor. Algunas fotos del cuerpo desnudo y atado en la cama daban para todo tipo de especulación. Esa sensación de vértigo y poder lo dominaba por completo. El empleado fiel de perfil bajo, echado como una rata y llevado al borde del suicidio se había convertido en un asesino sin otra emoción que la soberbia y sin otra motivacion que la venganza, al menos a la hora de gatillar. Que las noticias no comentaran nada sobre la presencia de una mujer en la escena del crimen lo intrigaba pero se habia prometido no alimentar ese asunto. Pronto volvió a sus cosas. Y sus cosas eran en estoss tiempos, asesinatos. Seguía con devoción cualquier tipo de lectura sobre asesinos seriales. Aprendía. Gozaba. Imaginaba escenas en su cabeza, se convencía a sí mismo de que podria llegar a convertirse en alguien popular. Un personaje mítico (¿un héroe?) que resolvía lo que otros no se animaban a resolver. El asesino vengador de los silenciosos inocentes. En esos pensamientos estaba cuando vió la noticia de la absolución de un obispo acusado por cargos de pedofilia. Con una seguridad pasmosa habia identificado al próximo cadáver.
6- En este caso no pudo encontrar datos que lo lleven a armar algún plan. Comenzó a ponerse nervioso, las cosas parecían complicarse. Del segundo asesinato mencionaban además de los dos disparos, un fuerte golpe en la cabeza. Otro misterio. No le quedó otra que comenzar un seguimiento para encontrar el modo. Luego de varios días de rigurosa vida eclesiática, el obispo subió a su auto una noche sin la presencia del chofer. El corazón se le aceleró. Lo siguió hasta las afueras de la ciudad y finalmente se detuvo en un descampado. Esta era su oportundidad y no la iba a desaprovechar. Julián se colocó un pasamontañas y comenzó a caminar hacia donde estaba el pedófilo. De pronto y desde la nada un tercer auto apareció y se colocó a la par del flamante importado que la Iglesia otorga a sus jefes terrenales. No cabía en su mente la idea de testigos, ni daños colaterales. Se agazapó detrás de unos arbustos. Una mujer bajó y se introdujo junto al obispo. No había rastros de nadie más por las cercanías. Decidió jugársela a pesar del riesgo. Corrió alocadamente y abrió la puerta del auto . Se encontró con un cuadro impensado. La mujer, que le hacía sexo oral al obispo, se dio vuelta para mirarlo. Otra vez, la misma mujer. Durante unos segundos que parecieron eternos ninguno atinó a nada. Confundiéndolo con un delincuente común, la mujer le entregó un maletín. Sofocado por la situación, tomó el maletín, gatilló dos veces, se dió vuelta y corrió. Corrió hacia al auto muerto de miedo. Arrancó el motor como pudo y se alejó a toda velocidad. Dos horas después estaba en su casa. Un whisky en una mano. Con la otra acariciaba cien mil dólares, el contenido del maletín.- Hora de tomarse unas vacaciones- pensó.
Continuará en unos días......
18/04/12
Daño colateral
Desde aquella tarde en que abrió el sobre y vio la foto de su marido cogiendo con su amiga nada fue igual para Mabel. Todo su castillo, mediocre, pero castillo al fin, se derrumbó. Y el príncipe azul dejó de serlo para convertirse en el enemigo. Por los chicos (siempre por los chicos) se calló y siguió fingiendo que estaba en el mejor de los mundos. Logró engañar a todos a costa de ella misma. A solas se desangraba lentamente carcomida por el odio y los celos. Luego se incorporaba e iba al supermercado o a la peluquería como si nada. Aguantó lo que pudo. Se sabe que una vez que uno es despojado de todo lo que creía tener, los razonamientos suelen flaquear y las pasiones llevan al punto en que todo da lo mismo. Mabel llegó a ese punto ciego donde morir o matar le daba igual.
Planificó la muerte del enemigo durante largas jornadas. Se hizo de una vieja pistola que su padre guardaba en un viejo cuartito del jardín, el mismo donde Mabel soñó en su infancia con una vida de princesa. La ansiedad era insostenible, tenía que resolverlo y poner fin a su agonía y comenzar otra distinta.
Esa tarde calurosa sentada en el sofá con el arma en la mano podía sentir los gritos de felicidad de los chicos que jugaban en la plaza. Se adormecía de a ratos tratando de evitar pensar que esa noche llevaría a cabo su venganza. Y fue en esos despertares sobresaltados cuando un disparó se escapó del arma.
El agente de policía se sentía importante declarando a los medios televisivos -"En circunstancias aún no determinadas y producto de lo que los peritos forenses dictaminarán, un N.N. masculino de aproximadamente 35, 40 años fue muerto por un disparo que previamente impactó rebotando en un disco compacto del músico Andrés Calamaro de aparente propiedad del occiso quien volvía, según testigos presenciales, de pagar algunos impuestos en la sucursal bancaria sita en la intersección de las calles........."
Esa noche Mabel y su marido cenaban sin mirarse. El susto por el disparo accidental había suspendido la venganza. -No por mucho tiempo-pensó ella.
AVISO PARROQUIAL
Este el último relato. Decidí que todos los que hasta aquí fueron publicados en este blog formen parte de un libro. Luego ¿quién sabe lo que vendrá? A los fieles que me acompañan y estimulan los voy a entretener ( supongo) publicando la pseudo-novela que dió comienzo a mis escritos en este espacio. A diferencia de la otra vez ahora juntaré varios capítulos y los iré subiendo absolutamente remasterizados. No es una despedida en absoluto, es sólo el primer acto. Gracias!
Planificó la muerte del enemigo durante largas jornadas. Se hizo de una vieja pistola que su padre guardaba en un viejo cuartito del jardín, el mismo donde Mabel soñó en su infancia con una vida de princesa. La ansiedad era insostenible, tenía que resolverlo y poner fin a su agonía y comenzar otra distinta.
Esa tarde calurosa sentada en el sofá con el arma en la mano podía sentir los gritos de felicidad de los chicos que jugaban en la plaza. Se adormecía de a ratos tratando de evitar pensar que esa noche llevaría a cabo su venganza. Y fue en esos despertares sobresaltados cuando un disparó se escapó del arma.
Esa noche Mabel y su marido cenaban sin mirarse. El susto por el disparo accidental había suspendido la venganza. -No por mucho tiempo-pensó ella.
AVISO PARROQUIAL
Este el último relato. Decidí que todos los que hasta aquí fueron publicados en este blog formen parte de un libro. Luego ¿quién sabe lo que vendrá? A los fieles que me acompañan y estimulan los voy a entretener ( supongo) publicando la pseudo-novela que dió comienzo a mis escritos en este espacio. A diferencia de la otra vez ahora juntaré varios capítulos y los iré subiendo absolutamente remasterizados. No es una despedida en absoluto, es sólo el primer acto. Gracias!
12/04/12
Rebelión en la granja.
¡Hola! Mi nombre no viene al caso pero quiero que pierdan un par de minutos y escuchen lo que tengo para decir, saquen sus conclusiones y si está a su alcance, me ayuden. Soy un personaje. Sí, un personaje para un futuro relato. Y viendo la suerte de los personajes que aparecen por acá les confieso que estoy muerto de miedo. Cagado en las patas, para ser más preciso. Soy uno de tantos que están atrapados en este blog esperando que un relato los haga salir. Comparto esto con una cantidad increíble de personajes a los que sin lugar a dudas uno mataría de poder hacerlo. Pero no es justo y no sé hasta qué punto es delito.
Lo cierto es que en cualquier momento me toca a mí. He visto cómo muchos mueren asesinados o suicidados previa tortura psicológica. Me estremece esa posibilidad. Recuerdo aquél que se suicidó para no trabajar más en la casa de sepelios familiar (patético) o el otro que estaba condenado a vivir todos los días una vida distinta (ese fue particularmente terrorífico). Hice un prolijo relevamiento para ver cuántos relatos tenían finales felices. Demoledor, solo un par. No puedo más con esta angustia. Hasta hace una semana tomaba mate con Guillermo, sí, el del relato anterior, y luego el tipo lo saca y lo hace violar por un par de africanos. Mierda que me golpeó.
Y el punto en donde quiero que uds. se concentren es precisamente que yo soy un tipo normal. Absolutamente normal. No tengo ganas de cambiar nada de mi vida. Estoy cómodo con mi trabajo, mi familia, mis amigos y además soy hincha del Barcelona. No quiero perder nada de eso. No quiero hacer un click, ni salir a vivir aventuras, ni viajar al pasado o al futuro, ni coger con Araceli González, ni aplicar justicia propia o divina. No quiero encontrarme con el diablo, tampoco con Dios. Tengo mi rutina, claro, pero no me quejo. Nunca me quejo de nada. Me banco lo que me toca siempre. Soy feliz, pago todos mis impuestos. Bueno, casi todos. No vaya a ser que se le ocurra matarme por pelotudo. Porque la cosa es así. A lo mejor porque me gusta Calamaro o me ví todos los capítulos de Padre Coraje este loco se calienta conmigo y me hace matar. Porque es un reventado. Dicen que va en el subte o en el auto manejando y observando a los demás. Y vuelve a casa como un loco dispuesto a sacar a un personaje y hacerle de todo. Insisto, no quiero aburrirlos pero no quiero morir. Que no me venga con ese asunto de la mediocridad, que la vida se escurre, que no la vivimos como se merece, ni toda esa jerga filosófica a la que es tan afecto. Es un jodido, es un hijo de puta. Pero la posibilidad de terminar de manera trágica me está dando ideas. Le encontré algunos puntos débiles. Es él o yo.
Lo cierto es que en cualquier momento me toca a mí. He visto cómo muchos mueren asesinados o suicidados previa tortura psicológica. Me estremece esa posibilidad. Recuerdo aquél que se suicidó para no trabajar más en la casa de sepelios familiar (patético) o el otro que estaba condenado a vivir todos los días una vida distinta (ese fue particularmente terrorífico). Hice un prolijo relevamiento para ver cuántos relatos tenían finales felices. Demoledor, solo un par. No puedo más con esta angustia. Hasta hace una semana tomaba mate con Guillermo, sí, el del relato anterior, y luego el tipo lo saca y lo hace violar por un par de africanos. Mierda que me golpeó.
Y el punto en donde quiero que uds. se concentren es precisamente que yo soy un tipo normal. Absolutamente normal. No tengo ganas de cambiar nada de mi vida. Estoy cómodo con mi trabajo, mi familia, mis amigos y además soy hincha del Barcelona. No quiero perder nada de eso. No quiero hacer un click, ni salir a vivir aventuras, ni viajar al pasado o al futuro, ni coger con Araceli González, ni aplicar justicia propia o divina. No quiero encontrarme con el diablo, tampoco con Dios. Tengo mi rutina, claro, pero no me quejo. Nunca me quejo de nada. Me banco lo que me toca siempre. Soy feliz, pago todos mis impuestos. Bueno, casi todos. No vaya a ser que se le ocurra matarme por pelotudo. Porque la cosa es así. A lo mejor porque me gusta Calamaro o me ví todos los capítulos de Padre Coraje este loco se calienta conmigo y me hace matar. Porque es un reventado. Dicen que va en el subte o en el auto manejando y observando a los demás. Y vuelve a casa como un loco dispuesto a sacar a un personaje y hacerle de todo. Insisto, no quiero aburrirlos pero no quiero morir. Que no me venga con ese asunto de la mediocridad, que la vida se escurre, que no la vivimos como se merece, ni toda esa jerga filosófica a la que es tan afecto. Es un jodido, es un hijo de puta. Pero la posibilidad de terminar de manera trágica me está dando ideas. Le encontré algunos puntos débiles. Es él o yo.
06/04/12
Un click en la cabeza
Guillermo podía considerarse como uno de esos tipos a los que la vida los besa en la boca. A los cuarenta y cinco era un sólido profesional casado con una hermosa mujer y padre de dos hijos ejemplares. Sus padres y sus suegros estaban vivos y hasta tenía una abuela a punto de cumplir los cien. Una hermosa casa, dos autos, un buen trabajo, algunos ahorros y el afecto de muchísimos amigos. Todavía jugaba al fútbol cinco con sus vecinos de la infancia en una canchita de Sarandí. Vacaciones en Brasil todos los eneros y alguna escapada en invierno. Su equipo de fútbol salía campeón bastante seguido. Una vida envidiable por el noventa y cinco por ciento de la humanidad.
Aquel sábado fueron al cine con una pareja amiga a ver una de esas películas premiadas en todos los festivales. Cine noruego de primera, le dijeron. Aunque él prefería ver alguna comedia romántica con Sandra Bullock o una de acción con Bruce Willis. Larga, lenta, a veces inentendible, la película despertaba algunos bostezos de su mujer y de sus amigos. Pero a Guillermo lo mantenía atento. Una historia de un hombre que escalaba una montaña en África con esfuerzo sobrehumano ya que le faltaba una pierna producto de una aventura con cocodrilos en Australia y había perdido un ojo en la selva de Camboya. Una epopeya, sin duda, que finalizaba con el tipo en la cima y unas imágenes impactantes de la vista desde ese privilegiado lugar. El tipo lloraba de felicidad, de un solo ojo, obviamente. Algo hizo click en la cabeza de Guillermo. Ya en la cena posterior se mostró poco comunicativo y absorto, algo raro en él. De vuelta en casa no quiso sexo y no pudo dormir en toda la noche. Su vida, toda su vida, se vino abajo, se desplomó.
Entendió que a los cuarenta y cinco y con tanto tiempo por delante era hora de cambiar, de patear el tablero. Vivir emociones intensas. Hacer y probar cosas distintas. Tomar riesgo, aventurarse. Su aspecto pulcro comenzó a cambiar y cada día trabajaba menos. Hasta que un buen día anunció que se iba al Africa a escalar aquella bendita montaña para que lo hiciera sentir tan pleno como al protagonista de la película. Y se fue, contrariando a todo su entorno.
Guillermo se las arregló en ese continente peligroso para llegar al pie de la montaña y contratar a un par de guías, dos fornidos negros que hablaban perfectamente inglés. Luego de una semana de esfuerzos, cerca de la noche llegaron al punto para el ascenso final. Pernoctaron. Lo que siguió fue duro. Especialmente para Guillermo porque los negros desaparecieron luego de robarle todo. También lo violaron. Fue rescatado en estado comatoso.
Volvió a su vida de toda la vida. Su increíble esposa lo ayudó a insertarse nuevamente en su hábitat. Pero las cosas no fueron iguales. Su abuela murió a los pocos meses y su equipo descendió de categoría. Sus hijos comenzaron a tener problemas y su esposa a tomar pastillas para no engordar. La cancha de fútbol cinco cerró. Pese a todo, Guillermo nunca dejó de hablar de la maravillosa vista que disfrutó desde la cima de aquella montaña africana.
Aquel sábado fueron al cine con una pareja amiga a ver una de esas películas premiadas en todos los festivales. Cine noruego de primera, le dijeron. Aunque él prefería ver alguna comedia romántica con Sandra Bullock o una de acción con Bruce Willis. Larga, lenta, a veces inentendible, la película despertaba algunos bostezos de su mujer y de sus amigos. Pero a Guillermo lo mantenía atento. Una historia de un hombre que escalaba una montaña en África con esfuerzo sobrehumano ya que le faltaba una pierna producto de una aventura con cocodrilos en Australia y había perdido un ojo en la selva de Camboya. Una epopeya, sin duda, que finalizaba con el tipo en la cima y unas imágenes impactantes de la vista desde ese privilegiado lugar. El tipo lloraba de felicidad, de un solo ojo, obviamente. Algo hizo click en la cabeza de Guillermo. Ya en la cena posterior se mostró poco comunicativo y absorto, algo raro en él. De vuelta en casa no quiso sexo y no pudo dormir en toda la noche. Su vida, toda su vida, se vino abajo, se desplomó.
Entendió que a los cuarenta y cinco y con tanto tiempo por delante era hora de cambiar, de patear el tablero. Vivir emociones intensas. Hacer y probar cosas distintas. Tomar riesgo, aventurarse. Su aspecto pulcro comenzó a cambiar y cada día trabajaba menos. Hasta que un buen día anunció que se iba al Africa a escalar aquella bendita montaña para que lo hiciera sentir tan pleno como al protagonista de la película. Y se fue, contrariando a todo su entorno.
Guillermo se las arregló en ese continente peligroso para llegar al pie de la montaña y contratar a un par de guías, dos fornidos negros que hablaban perfectamente inglés. Luego de una semana de esfuerzos, cerca de la noche llegaron al punto para el ascenso final. Pernoctaron. Lo que siguió fue duro. Especialmente para Guillermo porque los negros desaparecieron luego de robarle todo. También lo violaron. Fue rescatado en estado comatoso.
Volvió a su vida de toda la vida. Su increíble esposa lo ayudó a insertarse nuevamente en su hábitat. Pero las cosas no fueron iguales. Su abuela murió a los pocos meses y su equipo descendió de categoría. Sus hijos comenzaron a tener problemas y su esposa a tomar pastillas para no engordar. La cancha de fútbol cinco cerró. Pese a todo, Guillermo nunca dejó de hablar de la maravillosa vista que disfrutó desde la cima de aquella montaña africana.
26/03/12
Plan B
A lo largo de su vida Mariano había desarrollado una obsesión severa: estaba decidido a eliminar el factor sorpresa o al menos generar una serie de alternativas que lo atenúen. Detestaba profundamente no estar preparado para las contingencias, digámoslo más sencillamente: a no tener un "plan B". Con el correr de los años esta obsesión le consumía tanto tiempo que lo fue marginando socialmente. El tiempo que la mayoría de nosotros utiliza para mirar fútbol, tener sexo o comer alfajores a Mariano se le iba en preparativos. No fue sorpresa para sus conocidos cuando a partir de determinado momento siempre se presentaba acarreando un bolso bastante voluminoso. Según él, contenía una serie de cosas imprescindibles para tener una jornada en la ciudad sin contratiempos.
Un lunes Mariano salió bastante tarde del trabajo, con su famoso bolso a cuestas, y tomó la línea B del subte rumbo a Chacarita. Absorto en sus pensamientos no se dio cuenta de que era el único pasajero. De pronto el subte se detuvo y las luces se apagaron. A tientas abrió su bolso y sacó una potente linterna. Caminó por dentro de la formación y se percató de su soledad. Pero estaba preparado. Llegó hasta el primer vagón y descendió a las vías. Abrió el bolso y sacó un par de zapatillas confortables y guardó los zapatos. Sonrió y comenzó a caminar. Le extrañaba la inclinación del terreno. Una nube de mosquitos lo envolvió. Abrió su bolso y tomó un repelente que roció por su cuerpo. Palomas y mosquitos, dos plagas para las que, en Buenos Aires, hay que estar preparado. Sintió sed y un leve dolor de espaldas. Abrió su bolso y tomó una botella de esa bebida que toman los corredores y una cápsula de ibuprofeno. El líquido no estaba frío pero le sirvió. Comenzó a transpirar copiosamente. Se sacó la corbata y la camisa y las cambió por una remera liviana que obviamente llevaba en el bolso. Y así siguió caminando por horas, sorteando todos los obstáculos que se le aparecían. Se sentía como un poseído deseando que las cosas se le complicaran para demostrar que él saldría airoso de cualquier situación. Y se le complicaron.
Comenzó sintiendo un intenso olor a azufre y luego un escalofrío por la espalda. Y de pronto a unos metros divisó claramente al diablo. Un diablo amenzante que se acercaba lentamente. La suerte para cualquier mortal estaría echada, pero no para Mariano. Con actitud desafiante abrió el bolso y extrajo una caja de madera. El diablo la miró con sorpresa. De la caja, Mariano extrajo un crucifijo.
El martes Mariano fue a trabajar normalmente, si se puede llamar normalmente a ir acompañado de un bolso tan desproporcionado. En el infierno, muchos días después, continuaban las risotadas del demonio.
-Mejor que boludos como éstos se queden arriba- afirmaba.
Un lunes Mariano salió bastante tarde del trabajo, con su famoso bolso a cuestas, y tomó la línea B del subte rumbo a Chacarita. Absorto en sus pensamientos no se dio cuenta de que era el único pasajero. De pronto el subte se detuvo y las luces se apagaron. A tientas abrió su bolso y sacó una potente linterna. Caminó por dentro de la formación y se percató de su soledad. Pero estaba preparado. Llegó hasta el primer vagón y descendió a las vías. Abrió el bolso y sacó un par de zapatillas confortables y guardó los zapatos. Sonrió y comenzó a caminar. Le extrañaba la inclinación del terreno. Una nube de mosquitos lo envolvió. Abrió su bolso y tomó un repelente que roció por su cuerpo. Palomas y mosquitos, dos plagas para las que, en Buenos Aires, hay que estar preparado. Sintió sed y un leve dolor de espaldas. Abrió su bolso y tomó una botella de esa bebida que toman los corredores y una cápsula de ibuprofeno. El líquido no estaba frío pero le sirvió. Comenzó a transpirar copiosamente. Se sacó la corbata y la camisa y las cambió por una remera liviana que obviamente llevaba en el bolso. Y así siguió caminando por horas, sorteando todos los obstáculos que se le aparecían. Se sentía como un poseído deseando que las cosas se le complicaran para demostrar que él saldría airoso de cualquier situación. Y se le complicaron.
Comenzó sintiendo un intenso olor a azufre y luego un escalofrío por la espalda. Y de pronto a unos metros divisó claramente al diablo. Un diablo amenzante que se acercaba lentamente. La suerte para cualquier mortal estaría echada, pero no para Mariano. Con actitud desafiante abrió el bolso y extrajo una caja de madera. El diablo la miró con sorpresa. De la caja, Mariano extrajo un crucifijo.
El martes Mariano fue a trabajar normalmente, si se puede llamar normalmente a ir acompañado de un bolso tan desproporcionado. En el infierno, muchos días después, continuaban las risotadas del demonio.
-Mejor que boludos como éstos se queden arriba- afirmaba.
17/03/12
No cometerás actos impuros
Ángela esperaba el ascensor en el hall del enorme edificio de oficinas. Estaba harta de sus tareas en la ciudad y no veía la hora de volver a su paraíso de paz y tranquilidad. Pero tenía obligaciones que cumplir y siempre había sido muy dedicada, a veces excesivamente. Subió al ascensor con la manada. A su lado entró un hombre que la impactó. Pulcro, bien vestido y fenomenalmente atractivo. Un cosquilleo se esparció por su cuerpo. Llevaba un libro en la mano y ella pudo entrever el título "Sexto y Noveno: dos Mandamientos a cumplir". Ángela sonrió, el candidato era justo a su medida. El hombre se bajó en el piso donde había varios bares y restaurantes con la idea de almorzar algo mientras se dedicaba a la lectura. Ella lo siguió y desde una mesa muy cercana comenzó un furibundo ataque para seducirlo. Se sentía poderosa y segura con su cuerpo trabajado, con su rostro delicado y su astucia incontrolable. No obtuvo respuesta. El tipo seguía abstracto en su lectura. -Chupa cirios- pensó. A partir de ese día lo siguió impunemente por todos lados en un acoso desvergonzado hasta que logró establecer una cita. Él respondió más por miedo que por convicción. Durante el encuentro y otros que siguieron ella se dedicó a calentarlo de todas las maneras posibles. Al principio el tipo respondía con una parrafada -Las causas del pecado pueden ser interiores y exteriores. Entre las interiores destacan: el orgullo, la falta de templanza y de vencimientos personales, la vagancia y la falta de oración o trato con Dios. Entre las exteriores cabe citar el ponerse en ocasión próxima de pecar al asistir personalmente, o a través de los medios de comunicación, a espectáculos indignos de un cristiano e incluso de cualquier hombre de bien. También las relaciones afectivas con personas que conlleven una excitación sexual consentida suponen una falta de fuerza de voluntad por la que se excluye una autoposesión que será donada verdaderamente en la unión matrimonial. El amor verdadero es el que nos hace ser mejores personas y, por tanto, nos acerca a Dios.-
Pero con los días los argumentos fueron cayendo por efecto de la calentura y del eficiente trabajo de Ángela. Ya casi dejándolo en estado de hervor ella logró que la invitara a su departamento. Desnudos, frente a frente, él pensaba en el castigo divino pero pronto se perdió quemándose en el cuerpo de ella. Cogieron toda la noche de forma frenética. Él se durmió con placer. El placer mutó en un dolor que le estallaba en el cerebro. Aterrorizado miró las sábanas ensangrentadas y su miembro cortado.
En el paraíso todos hablaban del próximo juicio oral que seguramente sería espectacular. Uno de los ángeles femeninos (los hay, no tengan duda) sería juzgado por excesos en el cumplimiento del deber. Los chusmeríos corrían por todos lados hablando de sus métodos para castigar a los que incumplían los mandamientos. Sobre todo el sexto y el noveno.
Nota: Cualquier semejanza con otros excesos en cumplimiento del deber, es intencional.
Pero con los días los argumentos fueron cayendo por efecto de la calentura y del eficiente trabajo de Ángela. Ya casi dejándolo en estado de hervor ella logró que la invitara a su departamento. Desnudos, frente a frente, él pensaba en el castigo divino pero pronto se perdió quemándose en el cuerpo de ella. Cogieron toda la noche de forma frenética. Él se durmió con placer. El placer mutó en un dolor que le estallaba en el cerebro. Aterrorizado miró las sábanas ensangrentadas y su miembro cortado.
En el paraíso todos hablaban del próximo juicio oral que seguramente sería espectacular. Uno de los ángeles femeninos (los hay, no tengan duda) sería juzgado por excesos en el cumplimiento del deber. Los chusmeríos corrían por todos lados hablando de sus métodos para castigar a los que incumplían los mandamientos. Sobre todo el sexto y el noveno.
Nota: Cualquier semejanza con otros excesos en cumplimiento del deber, es intencional.
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