25/2/12

Asesino puntilloso

Tres mujeres de veinte años asesinadas en menos de un mes. Demasiado para la ciudad. Todos los integrantes de Homicidios reunidos intercambiando ideas con la presión de las autoridades encima. Era su oportunidad. Horacio pasó años estudiando todo lo referente a los asesinos seriales y su comportamiento. Pero era nuevo en el departamento y tendría que esperar su turno. Cuando le llegó, no lo desaprovechó. -Señores, cuando hablamos de un asesino serial estamos hablando de alguien inteligente, metódico, calculador, repetitivo. Yo no me centraría tanto en sus características físicas sino en su "modus operandi". Son tan soberbios que siempre van dejando un pequeño rastro, una pista, porque en el fondo quieren ser atrapados-. Todos lo miraron con escepticismo pero Horacio tenía un as en la manga y prosiguió: -Hasta ahora nos centramos en si es zurdo, en su estatura, en su color de piel y en otros detalles pero no reparamos en esa pequeña pista de la que les hablo. Si vemos el orden de los asesinatos encontramos que la primera chica se llamaba Alicia, la segunda Brenda y Carolina la tercera. ¿Se dan cuenta? -preguntó altanero. Todos se miraron entre sí intrigados.
- Pero si es un A, B y C- dijo Horacio. La próxima víctima será una chica de veinte años cuyo nombre empiece con D. Busquemos en la computadora y sabremos de cuántas víctimas posibles estamos hablando-. Boquiabiertos ante la deducción todos se pusieron frenéticamente a conseguir los datos. En la ciudad había 100 chicas que reunían los requisitos. Nada tan fácil como conseguir hablar con las familias de todas ellas para alertarlas y ponerles una custodia a la espera de atrapar al asesino. Durante una interminable semana Danielas, Doras, Dalmas y otras, vieron como sus rutinas se alteraban por las precauciones policiales. Era el primer paso para que los asesinatos cesaran y tuvieran la tranquilidad necesaria para investigar otras pruebas. Todo gracias a Horacio. El nuevo cerebro del departamento de Homicidios. El asesino cometería un error y sería atrapado.
Las cosas fueron bien hasta que apareció el cuerpo de una chica de 20 años en un basural. Todas las miradas se dirigieron a Horacio. El asesino, en su casa, estudiaba los movimientos de su próxima víctima. Era inteligente, metódico, calculador, repetitivo. Apegado a las tradiciones. Soberbio, dejaba pistas. La última chica casi se le escapa. Charo, se llamaba.
                   

                                           

17/2/12

Relajate Raúl.

-Dejamos atrás los problemas. Inhalamos larga y pausadamente hinchando el abdomen, sintiendo el aire en las narinas. Separamos los pies el ancho de caderas y llevamos la pierna izquierda hacia el muslo derecho, tratando de que la rodilla izquierda no se adelante. Elevamos los brazos con los los dedos entrelazados bien alto estirándonos y con la mirada en un punto fijo, manteniendo la respiración pausada y sintiendo el estiramiento......
Si pago con un cheque a sesenta días zafo y no me embargan, pero tengo que pedir la guita al banco para cubrir el crédito de la casa. Pero si me entran esos ventas estoy salvado porque...
-Raúl, a ver si te relajás un poco, estás muy tenso querido. Ahh... desde el mes que viene tengo que aumentarte  la clase.


-Lo que sucede, Raúl, es que vos no cerraste el círculo con lo de tu papá. Entonces con todos esos mandatos que tenés, te encontrás paralizado y lleno de miedos. No podés relacionarte con el placer porque la culpa te va comiendo...
No, la boleta de rentas la pago en el último vencimiento. Debo un mes del colegio de las nenas y las expensas se fueron al carajo y me van a intimar. Lo que podría hacer es dejar de pagar el IVA unos meses y veo cómo la voy piloteando. Esas ventas se están demorando.....
-Raúl, ¿me escuchás? Te noto muy nervioso, tenés que aprender a relajarte. Se terminó la sesión pero quería decirte que a partir de la semana que viene tendrías que venir dos veces y te voy a tener que aumentar.


-¡Pero vos sos un pelotudo, no pagás las expensas y los vecinos me miran como una delincuente! Aparte tenemos que ir al supermercado porque me estoy quedando sin nada y dejé mi coche en el taller porque...
No, definitivamente me hago el boludo y no le pago los honorarios al contador. El mes que viene veremos. Aparte el tipo viene cuando quiere y cobra cada día más. Los sueldos los pago pero no sé qué hacer con los aguinaldos de los operarios, la puta madre, que me salgan esas ventas...
-Raúl, ¿qué te pasa? ¿Estás acá o en Marte? Si te vas dejame dos mil para la señora de la limpieza que me aumentó la hora. Y relajate un poco que vas a reventar.


-Señor Raúl. Hoy no vinieron a trabajar ni Pérez ni Rodriguez. Parece que tienen colitis por algo que comieron. Llamaron del banco para avisar que tiene la cuenta en rojo. Y llamó el contador que dice que no puede venir porque se accidentó esquiando. Llamaron del estudio del abogado porque.....
Si vendo la casa de la vieja y la mudo a un departamento de un ambiente me sobra guita y le pedaleo a mis hermanos un tiempo hasta que me acomode. La vieja no va a decir nada porque es una santa y si salen las ventas arreglo todo.....
-¿Señor Raúl? ¿Señor Raúl? Le paso la comunicación con el banco... no se ponga nervioso y relájese por favor....me tiene que dejar cien pesos para los viáticos.

Me acaba de llamar Raúl. Si, a mí.  Me dijo que no vaya a finalizar el relato haciéndolo suicidar ni tampoco asesinando a cuatro mujeres. Dijo también, que está en el Caribe con una pendeja*, que cobró esas benditas ventas......y sobre todo,  que está muy relajado.


* Pendeja: señorita muy joven y de buenas formas.

                      
                                                

11/2/12

Ultimo tren a casa.

Terror. Eso sintió al despertar y comprobar que estaba inmovilizado sobre las vías de un tren, en medio del campo, de noche. Atado fuertemente su cuello en un riel  y sus piernas en el otro. Frente a su vista un enorme reloj y un cartel que decía -Próximo tren a Sierra Verde a las 3.30-. El reloj marcaba las 2.30. En una hora sería decapitado. De nada servía gritar porque estaba en el medio de la nada. Una imensa luna bañaba dantescamente la escena. Su mirada llorosa se perdía en medio de miles de estrellas que por primera vez en su vida podía apreciar. Convengamos que, "apreciar," en ésta situación, es sólo posible en la imaginación del autor. No recordaba como había llegado a esta situación a excepción de aquellos tres parroquianos que lo interpelaron de mala forma. Morir de esa manera era terrible. Solo. Angustiado, no podía pensar nada más que en el ruido de una locomotora y en la muerte. Las 3.00. Media hora para entender, media hora para morir. Se orinó encima por el miedo y volvió a llorar.
De pronto tuvo un rapto de lucidez y comenzó a reir. Volvió a leer el cartel que anunciaba el próximo tren. Y rió con más fuerza. Respiró aliviado. Sabía que no había ningún tren por venir. Él mismo fue uno de los asesores que indujo a cerrar todos los ramales ferroviarios improductivos. Y fueron cerrados. No más trenes a Sierra Verde. Y esos pueblos de mierda que desaparezcan o se muevan en ómnibus.  Todo esto era una maldita broma, ya se encargaría de encontrar a los culpables.
3.27. Comenzó a sentir una vibración en los rieles y un ruido seco. Se espantó. Hacia la izquierda una luz lo cegó y el ruido de una locomotora comenzó a aturdirlo. Cuando escuchó el pitido se paralizó, el temblor en los rieles fue aumentando, también el ruido a metal y la agonía. Demasiado para su corazón.

Los bomberos recogieron los restos al día siguiente. Ningún tren llegó a Sierra Verde.

                                                  



                                                  


8/2/12

Paranoia para Noelia.

Noelia estaba recientemente separada. Vivía de algunas rentas de un productivo divorcio, nunca había trabajado formalmente y tampoco en el hogar. Sin hijos y superando los cuarenta y cinco años su vida comenzó a decaer vertiginosamente. Su carácter débil e influenciable dio paso a un creciente miedo a la muerte. Horas mirando televisión a solas le fueron alimentando ese temor. Consumía todas las noticias especialmente las vinculadas a muertes accidentales o aquellas en que el destino simplemente hacía de las suyas. Sus hábitos y conductas fueron mutando. Se la veía caminando apartada de los edificios por miedo a que le cayera algún objeto encima y apartada de las calles por miedo a que algún automovilista la atropellara. Al principio no salía de casa en el horario bancario por temor a morir en uno de los tantos robos. Marcó calles, plazas o avenidas riesgosas para evitarlas. Los fines de semana se encerraba, ya había oído de lo que pueden provocar los simpatizantes del fútbol. La atormentaba la idea de morir inesperadamente por actitudes de terceros u objetos. Sí, ella estaba convencida de que ciertos objetos podían ser peligrosos. Pasaba sus horas conectada a internet en la búsqueda de ideas para incrementar sus prevenciones y sentirse segura. Sus fobias a los accidentes iban desde la instalación de sofisticados sistemas de alarmas y cámaras a elementos que eviten un resbalón en la bañera.  Cualquier cosa en la que una muerte imprevista se pudiera colar requería de su atención. Se aprovisionaba a través de la web en supermercados y negocios. Se hacía subir las cosas a su departamento y pagaba con tarjeta. Evitaba el contacto con los repartidores a los cuales les dejaba gordas propinas en un sobre. Todo el dia conectada. Sufría con cada muerte accidental, con cada destino truncado por vaya a saber que cuestiones azarosas. Si lograba evitar exponerse seguramente no le sucedería nada. No era para nada mística ni religiosa por lo tanto ni siquiera tenía ese pobre consuelo de otra vida, eterna y segura. Ese consuelo que a veces le sirve de motor a vidas realmente difíciles. No entendía porqué la gente no estaba aterrorizada con la idea de morir casualmente por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pasaba sufriendo y desvelada todas  las noches. La idea de morirse durmiendo fue otra de sus paranoias. Solo esa vida por internet le parecía ponerla a salvo de un mundo salvaje.

La policía irrumpió en la vivienda asqueaba por el nauseabundo olor. El cadáver tendría meses en ese estado. En una silla y volcado sobre una computadora. Uno de los agentes le preguntó al detective, que con rigurosos guantes revisaba la escena -¿ Cuál puede haber sido la causa de muerte?
-Elemental, Pérez. Le entró un virus.